En este atípico blog no voy a escribir solo de gastronomía, todo va a tener cabida, como en AQ, "otra forma es posible".
jueves, 15 de octubre de 2015
Recuerdos gastronómicos de infancia 2. La comida en casa de los primos.
Mi tía tenia huerta, pollos, conejos, ocas... y cocinaba como los ángeles. Era enfermera y mi tio creo que carpintero aunque lo que siempre me repetían era que era Bombero voluntario.
La comida en su casa era lo que se dice un BANQUETE en toda regla. Mesa imperial gigantesca, mantel de hilo, cubiertos de plata, cristalería de Bohemia, y vajilla holandesa.
En la mesa nos sentábamos unas 16 personas, mis tíos y sus hijos, mis abuelos, mis primos y unos señores que no recuerdo que imagino que eran familiares de mi tía. De echo el comedor creo que solo se utilizaba una vez al año, en Navidades para recibir a la familia.
Al llegar teníamos el primer problema Romain y yo: recordar si en esta casa se daban 2 o 3 besos... teníamos verdaderas peleas internas para no ser los primeros de la fila, un autentico suplicio... una vez pasado este mini calvario teníamos que descalzarnos a la entrada, normas de la casa... y después ir a jugar con nuestros primos que veíamos solo 2 veces al año.
Yo en cuanto podía me escapaba a la cocina para ver que es lo que mi tía nos tenia preparados.
El menú en cuestión no pasaría ningún control dietético. Foie Gras, Patés, Ostras, Confits o Magrets de sus propios patos o ocas que mataba para la ocasión, aunque siempre había una minúscula ensaladera con guisantes o alguna que otra tontería verde tipo guisantes y lechuga para acompañar una bandeja de quesos que ya la quisieran tener muchos restaurantes.
Seguía esperando a que nos llamaran a la mesa hasta el momento que nos tocaba y ahí me veía yo, en primera fila, en la zona infantil, a poder ser... lejos de mi madre y esperando la comida.
Como siempre mis abuelos se peleaban aunque menos que de costumbre, el resto de conversaciones: batallitas de infancia, recuerdos de la guerra, anécdotas varias y mil y una alabanzas hacia los manjares y la cocinera, aunque siempre había (como en cada casa) el que no acababa de estar contento con lo que nos servían.
Una cosa que nunca faltaba era una botellita IMPRESIONANTE de Sauternes para acompañar el Foie Gras, como sabían que a mi me volvía loco, me dejaban ponerme una copita, y os aseguro amigos, que eso era pura miel, Acidez, Dulzor y Complejidad unidas de la mano, todavía lo recuerdo.
Un autentico festival que podía durar 2 o 3 horas, pareciera que se iba a acabar el mundo, pero no solo por la cantidad, sino por la calidad. Mi madre no paraba de repetir que ya había suficiente comida y que no sacara mas; (cuando esa pobre mujer llevaba 1 semana preparando) yo rezaba (y en esa época ya era ateo) para que nadie le hiciera caso. Y esa mujer, de mejillas sonrojadas, coleta y delantal siempre puesto, no paraba de entrar y salir de la cocina y sacar mas viandas, unos pichones, una Quiche Lorraine, un Melón de Cantaloup con Oporto en su interior, unos Creps de postre, era realmente La Grande Bouffe.
Después de comer nos arrastrábamos hasta los sofás Luis XV (hasta que nos echaban los mayores) donde estaba encendida la chimenea e intentábamos volver a ser personas. Entonces llegaba el momento de mi tío, mi tía y el resto de las mujeres se iban a la cocina a recoger, (mi madre que ya era feminista creo que no iba...), entonces mi tío abría su mueble bar en forma de globo terráqueo donde tenia una colección de licores de primer nivel, Cognacs, Armagnacs, Schnapps, Calvados, Whiskys etc... había de todo, ahí le servia a cada uno su copazo y seguían arreglando el mundo, se reconciliaban de la batalla de la mesa y echaban una cabezadita. Yo también había echado la mía.
Cuando ya había hecho la digestión nos íbamos de nuevo a la habitación de mis primos donde nos enseñaban sus juguetes nuevos, había venido Papá Noël y siempre era muy generoso con ellos.
FIN.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Recuerdos gastronómicos de infancia 1. El Petit Suisse de Mamie.
sábado, 7 de marzo de 2015
Mantequeria Maravillas
martes, 24 de febrero de 2015
Las Bodas de Oro
FIN.
martes, 23 de diciembre de 2014
Enrique
martes, 10 de abril de 2012
Café Niza
Otro relato, a ver si os gusta:
Yo hago el turno de la tarde, entró a trabajar a las 18h de la tarde y me quedo hasta el cierre, hace ya 17 años que soy barman de noche en el Café Niza.
Cuando yo llego se marcha Andrés el camarero que hace el turno de mañana y con el que no me hablo desde hace 8 años, un malentendido a causa de un ticket no cobrado desencadenó una discusión que arreglamos en el callejón posterior y que hoy 8 años después nos sigue separando. De todos modos es un gilipollas y yo no voy a dar mi brazo a torcer. Que se joda…
Pues bueno como cada día cuando yo llego Andrés se marcha, no nos miramos ni nos decimos nada, él ya ha hecho caja y rellenado las neveras.
El local está totalmente demodé, el suelo es de madera oscura quemada por las colillas que se tiraban en el suelo en otra época, los sofás son rojos y en forma de medio círculo alrededor de unas mesas pequeñas fijas en el suelo.
Al fondo hay un billar al que también se le notan los años, con una lámpara de esas rectangulares de color verde con sólo 2 de las cuatro bombillas, (a ver si un día de estos me acuerdo y las cambio). En aquella zona como en todo el local hay poca luz, aunque la zona del billar es especialmente oscura, además falta el humo de los cigarrillos desde que la ministra esa prohibió el tabaco en los locales de hostelería, con la ley se fue el humo y gran parte de la clientela que ya no viene.
Imagino que para la gente que no fuma, el Niza debe ser cutre y sucio, no se…
Al llegar, la postal es más o menos la de cada día, ahí está Margarita, una señora viuda que le da a la cerveza, se toma 4 o 5 cada tarde y a eso de las 20h se va hacia su casa un poco perjudicada pero siempre en su sitio, también le da un poco a la máquina tragaperras, yo creo que se debe dejar la mitad de su jubilación entre las cañas y la puta maquina esa. A mi plim…
Luego están un grupito de chavales universitarios, con sus jerséis demasiado pequeños, sus gafas de pasta, y sus no cortes de pelo, (a estos con mucho gusto les metía yo la tijera) son 3 y no sé como se llaman, (ni me importa), vienen y hablan de política, de futbol, de estudios, de futuro, de chicas no hablan, fíjate… imagino que debe ser “cool” (como dicen ellos) venir al Niza a tomarte un café con leche y a pasar la tarde.
A quien no he visto al llegar es a Raúl, un habitual de la casa que pasa más tiempo aquí que en la suya, este es un caso aparte, le da a la bebida duro, y por lo visto también a su mujer.
Tras 17 años aquí metido, se puede decir que me conozco todo del Niza y todo de sus clientes, se dice que para estar detrás de una barra has de ser un buen psicólogo, tener don de gentes y aguante, ¡TONTERIAS!, yo odio a la gente, me importan 3 cominos sus vidas y me limito a servir sus bebidas y poco más, lo único que espero es que llegue la hora de irme a casa y descansar.
No tengo mujer, Inés, así se llamaba esa desgraciada, me dejó hace 12 años, por lo visto encontró un hombre que le supo hacer feliz, eso me dijo… seguro que tenía dinero ese cabrón… Tampoco tuvimos hijos, mis padres murieron hace ya mucho tiempo y con mis dos hermanos hace ya mucho tiempo que no nos hablamos, son unos gilipollas.
Las mañanas me las paso en casa, viendo la televisión y esperando la hora de venir a trabajar. La verdad es que no me entiendo a mí mismo. Tengo una vida de mierda, pero no hago nada para remediarlo, ni siquiera me lo planteo.
Tampoco le doy a la bebida, emborrachar a tanta gente me ha hecho odiar el alcohol casi tanto como a los borrachos. Gajes del oficio…
No sé qué fue lo que me hizo convertirme en la persona que soy, imagino que soy un imbécil, y que mi vida esta vacía, me doy cuenta que estoy pasando el tiempo sin más, mi vida no tiene ningún tipo de aliciente, el día que me muera nadie me echará de menos y nadie se acordara de mi.
Qué triste…
Esta noche a eso de las 02h00 de la mañana justo antes de empezar a recoger ha entrado un ángel, (quizás por eso me ha dado por pensar todo esto), una mujer preciosa, creo que era francesa, de mediana edad, elegante, traía una maleta grande y venia sola, estaba perdida, había llegado esta noche en autobús y quería tomar un café con leche caliente. Se ha sentado frente a mí, me ha sonreído, y me ha hablado de una forma muy educada y dulce.
Hemos estado charlando sobre la ciudad, ella hacía preguntas y yo le contestaba, yo por mi parte no le he preguntado nada, (no suelo hablar con los clientes), pero mientras me hablaba yo me la imaginaba esperándome en casa cada noche después del trabajo, y despertándome a su lado cada mañana, yo le haría su café con leche, y nos iríamos a pasear, le enseñaría la ciudad, cuidaría de ella y la trataría muy bien.
He pensado varias veces en preguntarle su nombre, que había venido a hacer aquí, si estaba sola, si necesitaba un sitio donde quedarse, si quería un buen marido para casarse.
Pero no lo he hecho.
Me he quedado ahí mirándola durante un buen rato, a esa hora solo quedábamos ella y yo, y creo que la he incomodado con mi mirada, tras tomarse su café con leche me ha pagado y se ha marchado.
Me he quedado solo, mirando el taburete donde ella se había sentado y arrepintiéndome de todo lo que no le he dicho. Nunca más volverá a entrar al Niza un ángel como este y nunca más tendré otra oportunidad de ser feliz.
A las 03h00 y tras hacer caja y rellenar las neveras, como cada noche he cerrado el bar. Definitivamente, sí, soy un imbécil.
FIN.
martes, 14 de febrero de 2012
Vuelta a la vida.

La gorda llamó a la enfermera que vino enseguida. Esta avisó a otras dos que vinieron acompañadas de dos médicos.
En un momento me vi rodeado de personas desconocidas, la gorda lloraba, y yo no sabía por qué.
Los médicos empezaron a hacerme preguntas estúpidas, que yo iba contestando poco a poco a la vez que me iba cansando de esta situación…
Resultó ser que la señora gorda era mi mujer, su nombre era Sara, y que yo había tenido un accidente de circulación 3 meses atrás, ella no se había separado ni un momento de mi lado, y pensé dos cosas: Que me debía querer mucho, y que debía estar más gorda antes, ya que no había perdido peso durante este tiempo, ni con el disgusto...
Mi nombre era Alejandro, pero todo el mundo me llamaba Alex, tenía 38 años, vivía en Barcelona y era piloto de avión.
Imaginaros la sensación, de no saber quién eres, de no tener pasado, de ni siquiera saber que perona eres ni que personalidad tienes, es una sensación de vacío total que no os recomiendo a ninguno de vosotros, amigos lectores…
Toda esa tarde Sara se quedo a mi lado, explicándome cosas de mi… de lo buena persona que era, de lo buen padre que era, de lo mucho que nos queríamos, y de lo feliz que estaba ella por que volviera a su lado. Yo, si os digo la verdad, la escuchaba y no entendía nada. Creo que estaba en estado de shock.
Sara estuvo llamando a todo el mundo, a mis padres, a mis amigos, a mis hijas incluso llamó al trabajo para que mis compañeros supieran que había vuelto.
Menudo día, que me esperaba, una procesión de desconocidos, abrazándome, ya lo estaba viendo, un valle de lágrimas que no iba conmigo…
Los primeros en aparecer fueron mis padres, Mi madre, una señora muy elegante y guapa que yo no conocía, venia llorando como una Magdalena, traía unos clínex destrozados y esta señora sí que había perdido peso, estaba en los huesos... En cuanto me vio se me abalanzó literalmente, me mancho la cara con sus mocos y sus lágrimas, ¡que asco! Pensé, pero no dije nada. Mi padre se quedó mas apartado, también lloraba, pero como para dentro, por lo visto era más reservado y menos folclórico. También me abrazó pero no me manchó.
Avisaron también a mis hijas que salieron del colegio para venir a visitarme, cuando llegaron me sorprendí al ver lo guapas que eran, tenia 2, Ana y Rosa, tenían 6 y 4, y eran preciosas, sobre todo Ana, se las oyó llegar corriendo por el pasillo, las trajo su tía que no pudo con su ritmo, estaban muy nerviosas y felices por volverme a ver, Ana se me abrazó al lado derecho de la cama, y Rosa al izquierdo. Eran realmente preciosas.
Me alegró mucho conocer a mis hijas, parecía ser que yo era un tipo con suerte…
Como previsto fueron desfilando todos mis familiares y amigos, mi hermano Leo que me explicó lo mucho que me quería, que nunca me lo había dicho y que durante mi ausencia se había dado cuenta de la suerte que tenia por tener un hermano como yo.
Después llegaron, Luis, Nacho, Ángela y Paco, por lo visto mis mejores amigos desde la Universidad, me explicaron lo buena persona que yo era, y poco a poco me iba haciendo yo mi composición mental.
Sara, que ya no me parecía tan gorda, (aunque lo era), iba y venía, tenía que arreglar unos papeles, ir a casa y ocuparse de muchas cosas.
Desfilaron más personas, una señora que tenia halitosis y que era especialmente desagradable, que resultó ser mi suegra, Uf, menos mal! Pensé… , prefiero que sea mi suegra que mi madre.
Otra pareja de amigos que habían venido desde Sabadell, también buenos amigos, y encantados de volverme a ver, me explicaron, lo mucho que les quería a ellos, y lo bien que siempre me había portado.
Más personas, muchas de ellas no las recuerdo, estaba mareado, entre tanta información y a la vez me sentí bien de conocerme. Yo era una buena persona y tenía mucha suerte.
Al cabo de tres días, la cosas se calmaron ya no venían tantas personas y yo poco a poco me iba encontrando mejor.
Llamaron a la puerta, Sara abrió, eran Rocio y Jose que vinieron a visitarme, por lo visto eran compañeros de trabajo, Jose era también piloto, y Rocio, azafata, Sara nos comentó que aprovecharía para escaparse e ir a casa ya que tenía muchas cosas por hacer. Sara se acercó a mí, y me dio un beso, yo no sentí nada.
En cuanto Sara cerró la puerta, Rocio me abrazó y empezó a besarme, en la boca, en el cuello, en las orejas, me metía la lengua por todos los orificios que encontraba, no entendí nada, José atrancó la puerta con una silla. ¿Qué pasa?, les dije. Me preguntaron si no recordaba nada, de nada, que si no sabía quiénes eran ellos. ¡NO!, les contesté.
Resultó ser que Rocio, (que estaba muy buena, por cierto) era mi amante y que Jose era mi socio, en mis otros asuntos.
Nos dedicábamos a traficar con droga, principalmente cocaína, de Colombia a Barcelona, alguna vez habíamos pasado heroína y alguna otra vez, también habíamos pasado armas, pero nuestro fuerte era la coca, también nos dábamos nuestros buenos festivales, sobre todo cuando estábamos en Cali, o en Shanghái o en Rio.
Rocio me metió mano bajo la bata, me dijo que estaba muy caliente, yo estaba alucinando, José le dijo que parara, pero ella siguió, a mí, se me puso dura, tras 3 meses en coma, mi polla también se despertó. Jose se quedo en el pasillo, montando guardia en la puerta para que nadie entrara mientras Rocio hacía de las suyas…
Rocio se abrió la blusa, y se levantó la falda, estaba realmente buena, yo completamente empalmado me quedé atónito, le quería decir que parara, pero para entonces ya me la estaba chupando. ¡A tomar por culo, pensé!.
Me quedé tumbado, en la cama, y ella se “empaló” ahí mismo, sin florituras y sin precalentamiento ni nada. Fue un polvo salvaje, a lo bestia, Rocio no me besó, por lo visto lo nuestro era meramente sexual, y vicioso.
Nos corrimos al unísono, realmente fue un buen polvo, Rocio se fue al baño, y con unas toallitas húmedas que llevaba en bolso, me limpió.
Entró Jose y me preguntó por la mercancía que llevaba en el coche el día del accidente, ¿Qué mercancía? Le contesté…
YO llevaba 3.2kg de coca en el doble fondo del BMW, cuando caí por ese terraplén. El coche fue al desguace así que imagino que ahí estaría… Jose me explicó que esa droga se la teníamos que entregar a Fredy, un capo de la mafia colombiana en España, y que estaba muy nervioso, teníamos que entregarle la droga o 300.000 € antes del domingo.
Rocio, Jose y yo nos dedicábamos a la buena vida, o a la mala vida según como se mire, teníamos contactos con lo peorcito de cada ciudad a la que visitábamos, yo tenía una cuenta en Suiza donde blanqueaba la pasta que iba amasando, siempre que estábamos fuera de Barcelona, nos dedicamos a los cambios de pareja, a las orgias, a meternos la mejor coca en el cuerpo. No tenemos escrúpulos, traficábamos con drogas y con armas, y Jose me comentó que incluso nos habíamos propuesto traficar con mujeres.
Yo era, simplemente un ser despreciable. Llevaba una doble vida en toda regla. En ese momento llego Sara, Jose y Rocio se despidieron y se marcharon.
Sara me cogió de la mano, me miro a los ojos, suspiró y me dijo:” Gracias a Dios que has vuelto, soy la mujer más feliz de la tierra, te amo con todas mis fuerzas y no quiero perderte. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.”
La miré y lloré.
FIN.
jueves, 9 de febrero de 2012
Historias verídicas o no... en un restaurante. 2 Las fresas de Montse.
El sábado habíamos tenido una boda de 180 personas, y el domingo 2 comuniones, era lunes y había que arrancar el menú semanal, cada día venían unas 30 personas a comer y no había tiempo para muchas historias. Ahí estaban Ana y Encarna en la zona de fuegos y Montse, preparando los entrantes y los postres.
El menú de esa semana se componía como el de cada semana de 5 entrantes, 5 segundos y 5 postres, Ana se encargaba de pensar el salado y Montse en dulce.
Escalibada con langostinos, Timbal de tomate, queso de cabra, berenjena y anchoas, Tagliatelle al pesto, Ensalada de alcachofas y una crema de calabaza con huevo y parmesanos eran los entrantes.
Como segundos, esa semana teníamos Arroz con costilla, Bacalao en salsa verde, Costilla de cerdo agridulce, Brocheta de pollo y verduras y Escalopines de entrecotte con unas sobras del banquete del domingo.
De postre, Fresas a la pimienta con helado de vainilla, Chocolate con naranja, Fruta natural con yogurt, Helado de ron y Granizado de Piña con chocolate blanco.
Finalmente llegamos a tiempo a las 13h30 con todos los platos más o menos listos, preparados para el servicio. Fue un lunes movidito, de culo como de costumbre, nos pillo “la puré”, entraron todos de golpe y sudamos la gota gorda. Yo iba subiendo los vales según venían, y aprovechando para ir bajando los platos.
Montse se había complicado la vida con las malditas fresas a la pimienta, ya que había que hacerlas al momento, en la sartén, poner mantequilla con azúcar, dejar que se caramelizara un poco, añadir las fresas y flambearlas. Al acabar el servicio decidió hacer una base, con las fresas y que simplemente las calentaría.
Las fresas fueron saliendo con normalidad, cada días salían unas cuantas raciones y todo nadie se había quejado, hasta que el jueves vino a comer Joan, un cliente habitual con el que habíamos cogido bastante confianza y que solía darnos su opinión sobre lo que comía.
Me dijo que las fresas que no le habían gustado, que eran demasiado “atrevidas”, ummm... contesté, ¿atrevidas?... me pidió la receta y cuando se la dí me dijo que no había encontrado las fresas nada dulce, mas al contrario… un tanto saladas, es más me dijo que las probara, subí a la cocina y le dije a Montse que hiciera unas para probarlas…
Al ponernos las fresas en la boca, ARRRRG… estaban asquerosas, nos miramos y nos dimos cuenta enseguida, Montse se había equivocado y había puesto sal en vez de azúcar.
Lo peor es que llevábamos 4 días sirviéndolas y nadie, nadie, se había quejado…
jueves, 26 de enero de 2012
Historias veridicas o no... en un restaurante. 1. Las Anguilas.

Tras un buen All i Pebre en Casa Salvador, Ana y yo encargamos una anguila en nuestro pescadero habitual en Cambrils, en fin que el viernes nos lo traen, (al hotel) al bichito en una malla, enroscadito él..., bueno no se como cojones pero soy yo el encargado de trocearlo para el All i Pebre, pues bueno, corto la malla y el puto bicho, empieza a retorcerse por la mesa como una serpiente a una velocidad de miedo, las cuatro chicas de la cocina se ponen a gritar como locas, yo reacciono cogiendo la media luna, (o sea un cuchillazo del 15) y me pongo a dar hachazos a diestro y siniestro sobre la mesa de la cocina donde la puta serpiente no para de deslizarse como si supiera el cruel destino que le espera... el primer golpe de cuchillo fallo, le doy a un metro, el segundo la rozo, y el tercero le doy en la cabeza, pero no demasiado fuerte, empieza a sangrar..., y no para de moverse, a todo esto todo Dios gritando, yo el primero..., el bicho retorciéndose como si nada, y yo como si de un psycokiller se tratase empiezo a asestar hachazos, y de los muchos que doy no acierto casi ninguno, bueno, alguno si... pero el bicho se queda ahí, sobre la mesa ensangrentado sin parar de moverse, yo me retiro asqueado, las chicas siguen gritando, yo casi vomito... y el bicho retorciéndose... tras la bronca que me echan logro empujarla hasta la fregadera, y me retiro, el panorama es desolador, imagináoslo...
Al cabo de una buen rato, 15 minutos o así, me reclaman para ver como esta el bicho, Y EL MUY ... AHÍ SIGUE MOVIÉNDOSE, ya no se que hacer, opción B, llamo a Toni, el chico de Mantenimiento del hotel y a cual Mc Giver le encargo acabar con el bicho, no recuerdo si finalmente es él o yo... pero al final cogemos una tijeras y le intentamos cortar la cabeza, sin conseguirlo del todo y para observar desconsoladamente como la cola sigue moviendo, como si de un puto alienígena se tratara, en fin increíble.
Cabreado llamo a la pescadería para pedir explicaciones y ayuda, me dicen (educadamente) que soy medio gilipollas, y que basta con meterla con la redecilla y todo al congelador y en media hora solucionado el problemita, la anguila se muere sin ningún estropicio...
Ya sabéis lo que tenéis que hacer si algún día compráis una anguila viva, yo dudo que la vuelva a comprar nunca jamás, aunque no rechazaría ninguna invitación para compartir un buen All i Pebre y lo que se ponga por delante, lo cortés no quita lo valiente, (bueno lo cobarde habría que decir en este caso).
Sobra decir que nunca hicimos un All i Pebre con el animalito, lo troceamos, lo envasamos al vacío y se quedo en el congelador ahí olvidado, yo no tengo tripas pa cocinarlo...
Espero que no os corte el apetito o la digestión con esta bonita historia que mas parece una escena de una peli de Alex de la Iglesia, pero os juro que no exagero nada y que todo sucedió tal y como lo cuento.
Ya veis que nada tiene que ver esto con vino, pero bueno... pensé que a alguien le haría gracia, y seguro que a alguien no le hará ni pizca de gracia, pero bueno, que se le va a hacer, como diría aquel: así son las cosas, y así se las hemos contado...
lunes, 23 de enero de 2012
Héctor y Raquel 10. Buscando refugio.

10. Buscando refugio
Algo dentro de mi me decía que esa persona que había tenido tan cerca de mi era Héctor, tenía algo que me decía que era él. No me lo podía quitar de la cabeza.
Llame a Jose Ignacio para contárselo pero no me contestó el teléfono, era el día 22 de Diciembre, día de la Lotería, el último día del colegio para mis hijos, y a un paso de las navidades y a mi todo eso me daba igual, no podía dejar de pensar en esa persona y en Héctor.
Decidí ir hasta Atocha y coger el primer tren que saliese hacia cualquier lugar, recogí mi mochila, ahí se quedó medio plátano y el trozo de queso que había sacado. Volví a Sol, se podía llegar en 4 minutos desde ahí hasta Atocha, y es lo que hice con una única obsesión, irme lo más lejos y lo más pronto posible de Madrid. Una vez en Atocha bajé a los andenes, y subí a un tren de largo recorrido, por lo visto iba hacia el norte pero no sabía bien por donde pasaba, me daba igual. Antes de subir me fijé muy bien donde estaba el revisor, estaba en la cabeza del tren y yo me fui hacia el final.
Todo me daba igual, mi vida era una farsa, no era mi vida, era la vida de la mujer de Jose Ignacio, la mía era la que hubiera vivido si continuase con Héctor, me quedé sin comer, estuve andando, las calles estaban repletas de gente supuestamente feliz haciendo compras, entré en una cafetería, tenia frio, estaba puesto un televisor de plasma donde el hombre del tiempo explicaba que esta noche iba a llegar una ola de frio como hacía décadas que no se veía en España. ¡Y a mí que me importa que haga frio!, pensé… Volví a llamar a Jose Ignacio, esta vez sí que me cogió el teléfono, me dijo que tampoco nos veríamos para comer, que se quedaría en el despacho preparando con Kelly una reunión que tenia para la tarde.
Decidí darle una sorpresa, comprar algo de comida en El Corte Inglés y llevársela al despacho, además yo tenía un juego de llaves en el bolso que me dio hace una eternidad.
Imaginé que el revisor tardaría un rato en pasar así que tome asiento en una de las butacas que dan al pasillo con la mirada siempre puesta al frente por si lo veía llegar, por suerte no venia. El tren iba bastante lleno de familias que dejaban la capital para ir a ver a sus familias en Navidades, muchos niños revoloteando a mi alrededor, me olvide de ellos.
Pasé por El Corte Inglés y fui a la sección de precocinados y pedí una comida para dos, Ensalada con aguacate y langostinos, Merluza en salsa verde y Macedonia. Pensé en que si llegaba pronto podríamos darle una hora a Kelly para que coma un menú en cualquier bar y de ese modo poder comer los dos juntos, como hacía ya demasiado tiempo. Todo esto me ayudaba a olvidarme de lo que había pasado. Cogí también una botella de Champagne, y un kit con un menaje tipo picnic, para dos, era monísimo.
Me quedé dormido, no sé cuánto tiempo dormí, solo sé que me despertó el revisor, de una forma un tanto brusca, me pidió mi billete y yo me levanté hasta la zona donde estaba la puerta y donde no había tanta gente, él me siguió y ahí le dije que no tenía ni billete ni dinero para pagar, el hombre, me dijo que no me iba a multar pero que tenía que bajar en la próxima estación, ¿Cuál es?, le pregunté, Soria, me contesto…
Así fue, al cabo de unos 30 minutos llegamos a Soria y el revisor se aseguró de que yo bajaba, menudo cambio de clima de Madrid a Soria, hacía mucho más frio, prácticamente ya era de noche, busque un súper donde poder comprar algo de vino, tenía unos pocos euros, encontré un Carrefour Express y fui directo a buscar unos cartones de vino, todavía me quedaba algo de comida.
Me hizo mucha ilusión darle la sorpresa a Jose Ignacio, seguro que le haría mucha gracia que comiéramos los dos juntos, llegué a su despacho, entre mis tacones, la botella de Champagne, la comida y todo lo necesario para comer, me resultaba muy difícil no hacer ruido, aún así lo conseguí, dejé todas las cosas en el suelo, deslicé la llave por la cerradura suavemente, y abrí la puerta, cogí la botella de champagne y las dos copas de plástico, me quité los zapatos para no hacer ruido y me dirigí hacia el final donde Jose Ignacio tiene su gran despacho salón la luz estaba encendida pero no se oía nada, cuando abrí la puerta me encontré a Jose Ignacio desnudo en el sofá con una mordaza y a Kelly también desnuda sentada sobre él, Kelly no me vio y se seguía moviendo suavemente sobre él. Jose Ignacio en cambio sí que me vio y no pudo decir nada, llevaba esa ridícula mordaza, se me calló la botella al suelo, Jose Ignacio le dio un empujón a Kelly y se levanto, la estampa era horrorosa. Me di media vuelta y eche a correr por el pasillo, Jose Ignacio me siguió por el pasillo desnudo, salí del despacho y él se quedo dentro.
Como no conocía Soria me dediqué a buscar la zona donde dormir, el centro de Soria nada tenía que ver con el de Madrid, localicé el centro y el cajero donde pensaba dormir. Paseé por detrás de un gran supermercado buscando grandes cartones y cuando los tuve me senté en una zona apartada. También encontré algo de pan y de fruta en las basuras, tenia 3 cartones de vino, y me puse a comer, y a beber, hacia mucho frio, y después de beber 2 litros de vino ya no sentía nada. Como pude me fui hasta el cajero, entré y me preparé mi cama, ya tenía mucha experiencia, puse mi mochila como almohada y me tumbé, saqué mi tercer litro de vino y me lo fui bebiendo, todo me daba vueltas, me dormí.
Al cabo de 3 horas aparecieron unos chavales borrachos en el cajero que me empezaron a insultar, y a dar patadas, me golpearon en la cabeza se ensañaron conmigo. Conseguí levantarme, sangraba por la cabeza y por la boca, creo que les dio miedo verme tan mal y me dejaron marchar.
Salí del cajero, eran las 04h00 de la mañana, y hacia un frio espantoso, tenía dolores por todo el cuerpo y estaba totalmente borracho, conseguí llegar hasta un callejón intenté llegar a un portal pero me caí al suelo, hacia frio, mucho frio… no me podía mover, tenia los dedos de las manos y de los pies totalmente agarrotados, estaba solo, no podía gritar, cada vez que lo intentaba un intenso dolor en mi estómago me lo impedía, me quedé ahí tirado, como un perro, no podía hacer nada, frio… mucho frio…, intenté dormir.
Héctor murió esa misma noche, a las 06h30 en el centro de Soria, nadie reclamo su cuerpo, su cuerpo fue entregado a la Universidad de Medicina.
Raquel está perdida, no sabe qué hacer…
FIN.




